Cuando Edwin Hubble (1889-1953) estaba terminando el doctorado en la Universidad de Chicago en 1917, George E. Hale estaba preparándose para contratar al personal que habría de operar el telescopio de 2.5 m que se concluiría en Monte Wilson, en las montañas de San Gabriel, California, así que lo invitó a incorporarse al proyecto. Sin embargo, en ese año Estados Unidos decidió participar en la primera guerra mundial, por lo que declinó la oferta por alistarse en el ejército, enviándole un telegrama que decía: Lamento no poder aceptar su invitación. Marcho a la guerra.
Cuando volvió, en 1919, la invitación seguía en pie y aceptó. Empezó clasificando nebulosas, entre ellas las nebulosas espirales. Hubble creía en la teoría del Universo Isla y esperaba que el enorme telescopio de 2.5 m de Monte Wilson le ayudara a validarla. Pero ni siquiera este poderoso instrumento podía capturar inequívocamente estrellas individuales en las fotografías de las espirales. En algún momento creyó ver estrellas, pero sus colegas se mostraron escépticos ya que el ver estrellas no resolvía nada si no se podía determinar la distancia a las espirales.
Sin embargo, las fotografías de las espirales eran suficientemente nítidas como para mostrar los puntos de luz que Curtis había identificado como novas y Hubble centró su atención en ellas. Un día de 1923, cuando trabajaba con varias fotografías de la, hasta entonces considerada, nebulosa Andrómeda, reexaminó un punto de luz al que había marcado con N para identificarla como nova. Revisó placas anteriores y encontró que el cambio de brillo era periódico. Eufórico, tachó la N y escribió ¡variable! La nova se comportaba exactamente como una variable cefeida.
Al fin Hubble tenía una forma de determinar la distancia a la nebulosa de Andrómeda. La cefeida en la espiral era muy débil, mucho más que las que Shapley había descubierto en los cúmulos globulares. Usando la calibración de Shapley, Hubble obtuvo que la nebulosa de Andrómeda (M-31 en los catálogos) estaba a 900 mil años luz de distancia, mucho más allá de la Vía Láctea. La conclusión entonces fue contundente: Andrómeda es una galaxia independiente, completamente desarrollada.
Hubble no se apresuró a enviar su artículo porque la relación del periodo con la luminosidad todavía era muy controvertida como indicador de distancias. En uno de sus últimos trabajos escribió:
Con el incremento de las distancias nuestro conocimiento se desvanece, y se desvanece rápidamente hasta que en el último e impreciso horizonte buscamos, entre fantasmales errores de observaciones, puntos de referencia que apenas son más sustanciales. La búsqueda continuará. El deseo de conocimiento es más antiguo que la historia. Nunca resulta satisfecho, y nunca podrá ser suprimido.