Los datos, que son la materia prima del cómputo, pueden ser de cualquier tipo: números, imágenes, música, videos, libros, estadísticas, mapas, etc. A partir de los datos se obtiene información y, con ésta, conocimiento y finalmente sabiduría. Pero en el fondo, todo son bits, es decir, secuencias de 0 y 1. Los sistemas de cómputo no hacen más que procesar y comunicar información representada mediante secuencias de bits.
Un rasgo notable de los mecanismos de representación es el hecho de que el tiempo y el espacio son indistinguibles; es decir, para las ramas de la computación que hemos abordado en este capítulo, es completamente intrascendente si la representación de los datos será usada para almacenarlos y poder recuperarlos en el futuro, o para enviarlos a través de algún medio de transmisión a un destino remoto. En el primer caso los datos viajan a través del tiempo, en el segundo a través del espacio, y para la teoría de la información o la criptografía es irrelevante cuál de las dos opciones se utiliza, lo importante es que el medio, ya sea de almacenamiento o de transmisión, es: a] el recurso que debemos optimizar, en el caso de las representaciones eficientes; b] lo que es intervenido por el enemigo, en el caso de la criptografía, y c] lo que es susceptible de introducir errores en los datos, en el caso de las representaciones orientadas a preservar la integridad de los datos.