Úrsula toma su teléfono celular y escribe un mensaje de texto o SMS, como coloquialmente se le conoce, dirigido a Arcadio: "Nos vemos a la entrada del cine a las 6 pm". Antes de enviar el mensaje, Úrsula se pregunta si llegará con éxito. Pueden ocurrir varias cosas, como que Arcadio no reciba el mensaje por una falla en la red celular o con su teléfono. Entonces, Úrsula se pregunta cómo puede resolver esto, y al final de su mensaje añade: "confirma por favor".
¿Es suficiente para quedar de acuerdo? Pues no, porque cuando Arcadio recibe el mensaje contesta con otro diciendo "De acuerdo, a las 6", pero entonces, igual que Úrsula, también se pregunta qué pasaría si no le llega, así que decide jugar seguro y extiende el mensaje a "De acuerdo, a las 6. Por favor confirma mi confirmación". Y cuando Úrsula recibe la confirmación, ella sabe que Arcadio sabe, pero Arcadio no sabe que Úrsula también sabe.
Así, la cosa se hace interminable. Cada uno, Úrsula y Arcadio, ven posibles mundos distintos. Al inicio, Úrsula ve dos posibilidades, que Arcadio lea su SMS o que no lo haga.
Después de la primera confirmación, todo se aclara y sólo hay un mundo posible: Arcadio leyó su SMS. Sin embargo, ahora para Arcadio hay dos mundos: Úrsula recibió su SMS o no.
Con este tipo de comunicación resulta imposible llegar a un acuerdo.