Hasta el momento se ha explicado cómo funciona, y cómo, mediante instrucciones, programas, lenguajes de bajo y alto nivel, un usuario puede comunicarle sus instrucciones a una computadora. Sin embargo, para la mayoría de las personas, ésas no son las maneras estándar de operar un sistema de cómputo. En realidad, la mayoría de los usuarios utilizan la computadora para acceder a otras herramientas especiales, como editores de texto, un navegador para visitar distintos sitios web o leer y enviar correos electrónicos.
Estas herramientas son usualmente piezas complicadas de software escritas con un propósito particular en uno o varios lenguajes de programación, generalmente de alto nivel, y que ofrecen mecanismos de operación avanzados, probablemente a través de iconos que se pueden presionar con el puntero (la flechita) por medio del ratón de la computadora, o a través de la voz o el teclado. Este software es comúnmente llamado software de aplicación, aplicación o simplemente software.
Existen, literalmente, miles de aplicaciones para hacer todo tipo de cosas, por lo que no es sensato pensar en mostrar en un solo libro —o en cien para el caso— qué hacen o cómo se utilizan. Lo que sí se desea dejar en claro al lector es el mensaje de que, detrás de las interfaces y formas de interactuar con una computadora, con un sistema de cómputo, con una aplicación, están todos los conocimientos que se han mostrado en este libro y algunos más que, por razones de espacio y por las propias limitaciones de los autores, no fue posible incluir, y deben ser guías en este viaje que implica la tecnología y la computación. En el último tema, sobre aplicaciones, no se muestra una herramienta particular o un programa, sino algunos ejemplos donde la utilización de la computación ha marcado una diferencia fundamental, donde alcanzar los mismos resultados sin la ayuda, sin el músculo de cálculo que aporta la computación, sería imposible.