¿Cómo piensa el ser humano?, ¿cuál es el misterioso mecanismo que permite deducir algo a partir de lo que se sabe? De hecho, ¿es un mecanismo? Estas preguntas desembocaron en el surgimiento de la ciencia de la computación en el siglo XX. El pensamiento es el medio por el que se formulan las abstracciones que permiten explicar los fenómenos observados en el mundo. Así, las preguntas anteriores surgen de la inquietud por saber si los posibles "mecanismos" del pensamiento son adecuados para explicar los "mecanismos" que determinan el funcionamiento del universo.
El modelo de las mónadas de Leibniz fue un intento por establecer la definición última de los misteriosos hilos que la naturaleza o un dios, como el filósofo prefiera, utiliza para gobernarlo todo. Vivimos en el mejor de los mundos posibles, tal es la conclusión que Leibniz desprende del hecho de suponer un dios perfecto como arquitecto del mundo. De ello deduce la existencia de entidades precisas, abstractas, inmateriales, que lo regulan todo y cuya secreta interacción debe obedecer reglas, como las del álgebra. Explicar el mundo consiste entonces en encontrar el lenguaje de las mónadas y los elementos constitutivos de él, su alfabeto.
Leibniz recibió inspiración de Ramón Lull, catalán del siglo XIII, quien había supuesto que la verdad es única y dictada por la omnisciencia de Dios y que era una pena que, para que los seres humanos pudieran descubrirla, las premisas de las que se podía deducir tuvieran que pasar por el intelecto. Esto sometía el proceso a la falible habilidad humana para razonar correctamente y, peor aún, ocasionaba disputas violentas y guerras. A partir de esto, Lull decidió crear una especie de rudimentaria máquina que fuera capaz de automatizar el proceso de deducción de la verdad: el Ars Magna.
Leibniz, 500 años más tarde, prefirió aventurar el lenguaje de las mónadas. El objetivo es descubrir las reglas que permiten, literalmente, calcular verdades mediante la manipulación simbólica y garantizar que sólo verdades pueden desprenderse como consecuencia de la aplicación de las reglas. El lenguaje debe ser perfecto. Es en esta corriente de pensamiento en la que la lógica matemática actual tiene su germen. Establecer las reglas mediante las que se debe razonar para deducir nuevas verdades a partir de premisas previamente establecidas como verdaderas. Como se verá posteriormente, existen diversos tipos de lógica, tanto más poderosas cuanto más complejas; las más simples no proporcionan todos los elementos necesarios en el lenguaje para poder hacer deducciones sofisticadas, resultan ser una abstracción excesiva. Las más generales, con mayores elementos, son también más poderosas. Todas ellas son útiles en computación; cada una constituye la abstracción fundamental en su propio ámbito.
Gottfried Wilhelm von Leibniz
(1646-1716) Anticipó nociones que aparecieron mucho más tarde en biología, medicina, geología, teoría de la probabilidad, psicología, ingeniería y ciencias de la información. Descubrió el cálculo infinitesimal, independientemente de Newton, y su notación es la que se halla desde entonces en uso general. También inventó el sistema binario, en que se basan casi todas las arquitecturas de computación actuales. Se le adjudica haber utilizado por primera vez la palabra función, que proviene del latín functo, que significa "el acto de realizar". Dominaba el latín, el griego, el francés, el inglés y el alemán, e incluso llegó a interesarse por la escritura china y el I Ching.